El plástico está en todas partes, incluso en ti
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Un profesor de biología de RIC y su equipo involucran a la comunidad local en el tema del impacto de los microplásticos.
Los microplásticos impregnan nuestro entorno, pues los inhalamos a través del aire, los ingerimos con los alimentos y los absorbemos por la piel. Posteriormente, viajan por nuestro torrente sanguíneo extendiéndose por todo el cuerpo. Están presentes en nuestros huesos y cerebro, en el líquido seminal y la placenta, en la leche materna y en el meconio (las primeras heces de un recién nacido).
La realidad es que los plásticos no se degradan ni desaparecen; simplemente se fragmentan en diminutos trozos imposibles de ver a simple vista. Se convierten en microplásticos y en partículas aún más pequeñas, los nanoplásticos, capaces de penetrar en nuestras células.
Durante este verano, el profesor de biología de RIC Daniel Hewins trabaja en compañía de un equipo de ciencias sociales —integrado por dos estudiantes de pregrado y por el Woonasquatucket River Watershed Council (WRWC por sus siglas en inglés)— para aprender sobre el impacto de los microplásticos y educar al público al respecto.
Hewins es uno de los muchos expertos que participan en un proyecto de EPSCoR, bastante reciente, titulado: “El impacto socioecológico de los microplásticos en los ecosistemas costeros”. Financiado mediante una subvención, y dirigido por Daniel Roxbury, profesor asociado de la URI, e incluye un consorcio de universidades, al igual que a profesores de Rhode Island College (véase: RIC colabora con URI en una subvención de investigación de 7 millones de dólares).
En conjunto, los investigadores examinan el impacto socioecológico de los microplásticos en los ecosistemas costeros de Rhode Island.
«Mi labor en este proyecto consiste en vincular la ciencia con la comunidad en general», afirma Hewins. «No se trata del tipo de investigación científica que suelo realizar; en esencia, este trabajo se centra en la participación y la vinculación con la comunidad».
Elizabeth Turbi, estudiante de biología, y Judy LaRose, quien cursa una doble especialización en estudios ambientales y antropología, han sido sus asistentes de investigación durante el verano; centrándose en interactuar con las comunidades a lo largo del corredor fluvial del Woonasquatucket (Woonasquatucket River Greenway).
En su desembocadura, el río Woonasquatucket se une al río Providence, y juntos vierten sus aguas en la bahía de Narragansett. Con su equipo, Hewins acude a la bahía de Narragansett para hablar con los pescadores y conocer su percepción sobre los microplásticos. Asimismo, visitan la comunidad de Olneyville a modo de comprender la opinión de los habitantes respecto al tema de los microplásticos.
Por su parte, Turbi colabora con dos de los programas ambientales de la WRWC dirigidos a la comunidad hispanohablante: Nuevas Voces y Nuestros Bosques.
«Si trabajas en una comunidad, creo que es fundamental comprenderla y contar con cierta experiencia previa», afirma Hewins. «Elizabeth aporta al proyecto su experiencia vital [con la comunidad hispanohablante], así como una formación sólida en biología. Pues es bastante frecuente que los científicos lleguen a las comunidades e intenten educarlas sin comprenderlas. Nosotros optamos por un enfoque basado en la comprensión y la escucha. Creemos que esto ayudará a establecer una comunicación más sólida y, en última instancia, a lograr mejores resultados».
Hewins comenta que a Judy le interesa la educación desde el jardín hasta el sexto grado y que durante el proyecto colabora en diversos entornos con niños pequeños. Cuyas fortalezas residen en su capacidad de liderazgo y en la defensa de los derechos de los jóvenes en protección social y que forma parte del Gobierno Estudiantil Comunitario y del Club de Medio Ambiente de RIC. Además, cuenta con experiencia en investigación y en proyectos finales de antropología, los cuales la han preparado muy bien para esta labor.
«Al hablar con niños de estos grados, podríamos plantear preguntas como: ¿Qué saben sobre esta botella de agua? ¿De dónde viene y dónde va a terminar? Para los adultos, las preguntas podrían ser: ¿Con qué frecuencia piensa en los plásticos? ¿Qué sabe sobre el daño potencial que el plástico puede causarle a usted y a su familia, o sobre cómo puede afectar a sus alimentos? Creo que las respuestas nos sorprenderán y que podremos aprender mucho de ellas», afirma.
La organización comunitaria WRWC le ayudará a Hewins, quien elogia los numerosos proyectos que dicha entidad ha llevado a cabo a lo largo de los años con las comunidades locales en torno a cuestiones medioambientales, elaborando las encuestas y un currículo educativo.
Para finales del verano, Hewins espera obtener una referencia inicial sobre la percepción de la comunidad respecto a los microplásticos. A largo plazo, le gustaría colaborar con la WRWC para integrar el tema de los microplásticos y la contaminación plástica en algunos de sus programas actuales.
Al reflexionar sobre su trayectoria investigativa, Hewins reconoce que los estudios ambientales son, en realidad, un nuevo enfoque para él. Anteriormente, centraba sus investigaciones principalmente en las ciencias. Sin embargo, hace unos cuatro años, al iniciar a impartir el curso de «Introducción a los estudios ambientales», experimentó lo que él denomina un «resurgimiento profesional».
«Me sentí inspirado y cautivado por los estudiantes de estudios ambientales», comenta. «Demostraban un deseo sincero y auténtico de cambiar sus vidas y las de las personas de sus comunidades. Me pedían que invitara a clase a expertos para complementar lo que estaban aprendiendo o para profundizar en sus conocimientos».
Recibieron a abogados del Departamento de Gestión Ambiental que litigaban contra empresas en nombre de comunidades de South Providence. También invitaron funcionarios ambientales a hablar sobre casos que habían investigado, así como representantes de la Rhode Island Resource Recovery Corporation, quienes explicaron las tecnologías que emplean para clasificar y reciclar materiales, así como los aspectos económicos del reciclaje.
Hewins señala que todo esto fue impulsado por la participación y el interés de los estudiantes, quienes demostraron un compromiso extraordinario con su propia educación, crecimiento, desarrollo y carrera profesional.
Además, comenta que descubrió la labor que se lleva a cabo en las comunidades locales en torno a cuestiones medioambientales. Actualmente, divide su tiempo de investigación entre la ciencia y el campo de los estudios ambientales, más orientado a las humanidades. Le apasiona especialmente el impacto de los microplásticos.
«Estas partículas están por todas partes y aun así, son muy difíciles de ver. Se encuentran en el suelo, en el agua, en el aire y en nuestros propios tejidos. Este tema me preocupa y me apasiona debido a su carácter sistémico y al hecho de que ha sido totalmente provocado por el ser humano. Quizás algún día dejemos de depender del plástico, tal como hicimos con el asbesto». Sin embargo, la labor que ello conlleva es inmensa.
Como biólogo, Hewins sabe que «al final, la naturaleza siempre gana. Y que todo lo que creamos puede ser reabsorbido», afirma.
Obtenga más información sobre el programa de licenciatura en Estudios Ambientales de RIC.