Profesora de Trabajo Social de RIC quiere que la sociedad entienda el sinhogarismo
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“Para la mayoría de nosotros, el sinhogarismo puede sentirse distante … pero, de cerca, es profundamente humano”, afirma la profesora Megan Smith.
Durante casi 20 años, Megan Smith, quien obtuvo su maestría en RIC en 2016 y su doctorado en la Universidad de Boston en 2022, ha dedicado su trayectoria profesional a forjar relaciones con personas en situación de calle, no desde un escritorio, sino cara a cara.
Sus días transcurren entre clases en la Escuela de Trabajo Social de Rhode Island College y como trabajadora social y coordinadora de educación experiencial para Rhode Island Street Medicine, un programa de Brown University Health que brinda servicios sociales y de salud directamente a personas sin hogar (fuera de refugios) en su propio entorno.
Su ardua trayectoria
Desde abril de 2007, Smith ha estado abogando por y para las personas en situación de calle, después de involucrarse en una protesta para impedir que el estado demoliera el refugio Welcome Arnold en Cranston. Entonces, se dio cuenta de que esa era la comunidad con la cual quería trabajar a largo plazo.
Su empleo con el equipo interdisciplinario de Rhode Island Street Medicine brinda apoyo en el punto de atención, incluyendo necesidades médicas, como el cuidado de heridas y el acceso a prescripciones, remisiones a centros de refugio y viviendas, y acompañamiento continuo.
“A veces, lo más importante es dedicar tiempo a hablar con ellos. La confianza se construye poco a poco. Sobre todo, cuando muchos han tenido experiencias traumáticas con sistemas de autoridad, incluidos trabajadores sociales”, indica. “Si alguien no quiere hablar, no lo presiono”.
Smith aclara que, para la mayoría de nosotros, el sinhogarismo puede sentirse distante, un problema ajeno, una estadística, un titular, pero, de cerca, es profundamente humano.
La mayoría de las personas con las que ella trabaja viven sin techo. Para algunos, los refugios colectivos se sienten inseguros, (re)traumatizantes o simplemente desconfían de las instituciones.
Existen desde parejas que rechazan entrar a un refugio porque no hay camas que les permitan estar juntas, hasta quienes se niegan a dejar a su apreciado perro, o aquellos que resisten un centro de abrigo durante una ola de frío por temor a que sus pertenencias y su tienda de campaña hayan desaparecido al regresar.
Durante la pasada ola de frío, una mujer mayor a la que Smith había estado visitando durante meses finalmente la llamó y le dijo: “Estoy lista para entrar”. En cuestión de horas, se hicieron arreglos en un centro de abrigo local. A la mañana siguiente, Smith recibió un mensaje de texto de aquella mujer que decía: “Ha sido el mejor descanso que he tenido en muchísimo tiempo”.
Smith recalca que, “no debería resultar extraordinario que alguien pueda pasar una noche cálida en un lugar; pero dado todo por lo que esta mujer ha pasado, ese momento fue bastante significativo”, explica.
Creencias infundadas
Smith afirma que una de las ideas erróneas más comunes sobre el sinhogarismo se adjudica principalmente a un fracaso personal, a ser malas personas o a tomar malas decisiones. Respecto al tema, su postura es contundente: “Todos hemos cometido errores, pero algunos estamos socialmente bien posicionados de manera que nos aísla de las consecuencias de esas faltas”.
Ella afirma que una persona con ahorros, apoyo familiar o empleo estable logra recuperarse de una crisis financiera. Sin embargo, alguien que vive al día, en particular quien ha sufrido racismo, ha estado en hogares de acogida, ha experimentado traumas o ha tenido una enfermedad mental sin tratar, puede no tener ese margen de error.
Según Smith, la falta de vivienda rara vez se debe a un único factor, pues puede ser multifactorial. La salud mental y el consumo de sustancias se citan a menudo como causas principales del sinhogarismo; sin embargo, para ella, la raíz del problema radica en la asequibilidad de la vivienda.
Falta de recursos viables
Cuando Smith comenzó este trabajo hace casi dos décadas, los pagos de la Seguridad de Ingreso Suplementario (SSI por sus siglas en inglés) rondaban los 600 dólares al mes y aún se podían encontrar apartamentos en ese rango. Hoy en día, esa cifra es inferior a 1000 dólares, e incluso un apartamento tipo estudio modesto cuesta mucho más.
“En aquel entonces, era difícil, pero posible. Ahora, simplemente ya no es viable”, afirma. “Las enfermedades mentales pueden contribuir a la inestabilidad de la vivienda. Pero el sinhogarismo en sí es profundamente traumático y puede agravar la ansiedad, la depresión y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).”
Ella considera que el consumo de sustancias puede ser un factor contribuyente para algunos, pero que también resulta, en muchos casos, un mecanismo de afrontamiento. Pues al observar cómo es la vida cotidiana a la intemperie—el frío, el estigma, el estrés constante—, es posible entender por qué alguien querría adormecerse o recargarse de energía artificialmente solo para sobrevivir al día.
Para Smith, eso no significa que la falta de vivienda pueda afectar a todos de la misma manera, sino que factores estructurales como la raza, la discapacidad, los antecedentes familiares y la pobreza también son componentes de riesgo influyentes.
Cuando se le pregunta cómo puede la sociedad marcar una diferencia para quienes no tienen hogar, Smith señala: “Las viviendas con apoyo permanente y los enfoques de ‘Vivienda Primero’ (Housing First), que proporcionan un lugar de residencia sin exigir sobriedad ni cumplimiento de tratamiento, han demostrado resultados consistentemente positivos”, afirma. “Ampliar la oferta de vivienda asequible es fundamental. Pero, sobre todo, es primordial escuchar a las personas directamente afectadas al pensar en soluciones. Nadie sabe mejor cómo abordar y erradicar la falta de vivienda que quienes la padecen.”
Esa labor también se extiende al aula. En Rhode Island College, Smith imparte un curso titulado “Sinhogarismo: Intervenciones clínicas y políticas”. Originalmente diseñado cuando era estudiante de posgrado, ahora reúne a estudiantes de trabajo social y medicina de la Facultad de Medicina Warren Alpert.
Durante varios años, su clase ha contado con expertos invitados que han tenido vivencias personales con el sinhogarismo. “El año pasado, mi coprofesor fue Donn King, una persona que vivió en situación de sinhogarismo”, señala. “Enseñar con alguien con esa perspectiva es una fuente de sabiduría”.
Los estudiantes de Smith también tienen la oportunidad de participar en actividades de divulgación como parte de la asignatura.
“Quiero que ellos estén al tanto de que el cambio no se logrará con estereotipos ni lemas, sino con conversaciones, como las que se dan en camionetas, en las aceras y, ocasionalmente, en las aulas”.
Infórmese sobre los programas de trabajo social de RIC.