Más que palabras: los desafíos de la comunicación intercultural
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Hablar el mismo idioma no siempre significa entender el mismo mensaje.
Una palabra que suene familiar para una persona de la República Dominicana puede resultar desconocida para alguien de Colombia, mientras que una expresión común en Brasil puede no resonar con alguien de Cabo Verde. Las diferencias de vocabulario, acento, expresiones y referencias culturales pueden crear barreras inesperadas, incluso entre personas que hablan el mismo idioma.
Para los traductores e intérpretes, el desafío va más allá de encontrar la palabra adecuada; se trata de transmitir el significado con claridad y de una manera que resulte comprensible para los destinatarios. Esto es especialmente importante en los ámbitos de la salud, los servicios jurídicos, la educación y los programas gubernamentales, donde los malentendidos pueden dificultar el acceso a servicios esenciales.
Para Elianny Duarte Salcedo (imagen superior), estudiante de último año de Lenguas Modernas con especialización en español y una subespecialización en educación en Rhode Island College, esa lección quedó clara durante unas prácticas en el departamento de bienestar de Progreso Latino, en Central Falls, donde se encargó de ayudar a miembros de la comunidad hispanohablante a gestionar citas y otros servicios.
Durante sus prácticas, Duarte actuó como intérprete en un seminario de instructores de la Universidad de Brown. Esa experiencia transformó su percepción del lenguaje y le demostró que hablar dos idiomas no convierte automáticamente a una persona en intérprete o traductor.
«No se trata simplemente de interpretar o traducir una palabra de un idioma a otro», afirma Duarte. «Estás interpretando emociones y cultura. Estás interpretando un mensaje claro».
Un lenguaje, muchos mundos y significados
Silvia Oliveira, directora de Estudios Lusófonos en el Departamento de Lenguas Modernas de Rhode Island College, percibe el mismo desafío.
«Ser bilingüe y ser traductor o intérprete bilingüe son dos cosas distintas», afirma.
Para ella, el lenguaje es inseparable de las personas que lo hablan. La cultura, la historia, la geografía y las experiencias vividas influyen en la comunicación.
«Las personas que hablan el mismo idioma no necesariamente comparten el mismo vocabulario, acento, expresiones o referencias culturales», afirma Oliveira. «Quienes no están familiarizados con el inglés estadounidense hablado en el Sur o en los Apalaches suelen decir rápidamente que “no los entienden”; y si a ello se le suma la falta de conocimiento cultural sobre dichas poblaciones y contextos, la comunicación puede verse interrumpida».
El problema no siempre radica en la falta de conocimiento del idioma. A veces, consiste en que hablan una variedad distinta del mismo. Al comunicarse con un público general, es posible que los traductores e intérpretes deban elegir palabras que se entiendan de forma generalizada, en lugar de utilizar un vocabulario propio de su comunidad.
Para Duarte, esto implica dejar de lado el español que habla de forma natural como dominicana y optar por un vocabulario entendible para un público más amplio.
«Cuando interpreto, debo dejar de lado mis propios pensamientos y centrarme simplemente en el presente para transmitir lo que el orador quiere comunicar», afirma. «La concentración es fundamental durante la interpretación. Cuando intervienen varios oradores, cada uno con su propio acento y estilo al hablar, el desafío consiste en escuchar, procesar y comunicar de forma ininterrumpida».
Las expresiones idiomáticas demuestran por qué la traducción no siempre puede ser literal. Oliveira recuerda una conversación multicultural en la que surgió la expresión alemana Eselsbrücke (que literalmente significa «puente de burro») y se refiere a un recurso para conectar un concepto con otro y facilitar la comprensión.
«Al traducirla literalmente al inglés, el resultado resultaba confuso. No hablábamos de burros ni de puentes», comenta. «El problema no es el vocabulario. Es la historia. Es el contexto. Es la cultura».
«El objetivo es lograr que esa comunicación se sienta natural», dice Duarte. «Quiero transmitir el mensaje con la mayor claridad posible. No quiero sonar como un robot».
La experiencia detrás de una comunicación eficaz
La fluidez en dos idiomas no prepara necesariamente a una persona para interpretar en un tribunal, un entorno médico o un aula. Los traductores e intérpretes requieren formación especializada, además de conocimientos culturales.
«Necesitamos experiencia vivencial», afirma Oliveira. «Necesitamos ser, en esencia, bilingües y biculturales en ambos idiomas».
Duarte comenta que su experiencia académica en Rhode Island College contribuyó a prepararla para las exigencias de la interpretación, y que los ejercicios realizados con el profesor David Ramírez le proporcionaron técnicas que más tarde aplicó durante sus prácticas.
«Recordé todas esas técnicas para concentrarme y no distraerme visualmente, para desconectar todos los sentidos y utilizar simplemente el oído, a modo de interpretar no solo palabras, sino el mensaje», afirma.
Oliveira concuerda en que la enseñanza de idiomas debe ir más allá del vocabulario y la gramática.
«El objetivo no es simplemente enseñar otro idioma a los estudiantes, sino ayudarles a comprender cómo funciona esa lengua en el mundo real», señala. «La terminología profesional no surge de forma natural por el mero hecho de ser bilingüe; pues tanto la traducción como la interpretación son disciplinas altamente especializadas».
Para Duarte, el intérprete es «el puente que conecta a esas dos personas».
Para Oliveira, ese puente cobra especial importancia cuando un mensaje debe llegar a personas de distintos entornos lingüísticos.
«Cuanto más escuchamos diferentes variantes y aprendemos sobre las culturas que las sustentan, mejor preparados estamos para comunicarnos más allá de las diferencias», asegura. «Así que escuchen con apertura y amplíen sus conocimientos».
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