Del ojo de pez al cuidado de la visión: el camino de Ella Lewis hacia la optometría

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Inspirada por el impacto transformador de su madre como optómetra, Ella Lewis utiliza la ciencia y la compasión para marcar la diferencia en la visión y en la salud integral de sus futuros pacientes.

Estudiando la delicada estructura del diminuto y traslúcido ojo de un pez, Ella Lewis ha pasado incontables horas en laboratorios de Rhode Island College en busca de respuestas. Este mes, subirá al escenario para recibir su título en Biología. En agosto, Lewis llevará esa misma curiosidad al New England College of Optometry, donde continuará su trayectoria en el ámbito del cuidado de la visión.

Inspiración convertida en propósito

Desde muy joven, Lewis supo que deseaba seguir una carrera en el campo de la medicina, inspirada por su madre, una optómetra e igualmente egresada de Rhode Island College. Observar el impacto que su madre tenía en sus pacientes moldeó su comprensión sobre lo que significa cuidar de los demás: no solo mejorando la visión del paciente, sino también protegiendo su salud en general.

«Cuando estaba en la escuela secundaria, mi madre me contó sobre un paciente de ocho años a quien mediante una tomografía de coherencia óptica (OCT, por sus siglas en inglés), le realizó un examen de su nervio óptico; notando algo anormal y diagnosticándole papiledema: una afección que, si no se trata, puede provocar daños neurológicos graves o incluso la muerte», relata Lewis. «Gracias a que lo detectó a tiempo, lo remitió de inmediato al Rhode Island Hospital, donde recibió tratamiento. No solo salvó su visión, sino que también salvó su vida. Todavía recuerdo ese día cuando llegó a casa llorando, abrumada por lo acontecido».

Aquel momento reforzó su deseo de seguir los pasos de su madre, lo cual la llevó a Rhode Island College, donde pasó más de dos años y medio trabajando en laboratorios de biología.

Trayectoria como investigadora 

Gran parte del trabajo de investigación de Lewis se centró en el pez cebra, una pequeña especie de agua dulce utilizada habitualmente en la investigación visual, debido a sus evidentes similitudes con el ojo humano, particularmente la retina, donde las capas de procesamiento visual presentan grandes semejanzas.

Lewis explica que el pez cebra constituye un modelo de suma importancia para la investigación ocular humana y que poder estudiar la retina, comprender sus capas y observar directamente cómo funciona en su totalidad resultó increíblemente valioso para los objetivos que persigue. 

Su trayectoria investigadora comenzó bajo la tutela de la profesora asociada de Biología Larissa Patterson.

«Junto a la Dra. Patterson, comencé a estudiar el número y la distribución de los melanóforos, células pigmentarias responsables de los patrones de rayas y coloración del pez cebra, los cuales guardan relevancia para la investigación del cáncer en humanos, como es el caso del melanoma», señala Lewis.

Aunque inició estudiando la pigmentación en el pez cebra, sus intereses evolucionaron, llevándola a orientar su investigación hacia el campo de la visión, bajo la tutela de la profesora asociada de Biología Anabela Maria Resende da Maia.

Junto a la profesora Maia, llevó a cabo experimentos conductuales diseñados para comprender cómo responden los peces a diferentes estímulos visuales. Manipulando factores como la reflectividad de la luz, observó las reacciones de los peces y recopiló datos que vinculaban el comportamiento con la percepción visual.

«Con la Dra. Maia, trabajé con el pez sol de agallas azules y realicé múltiples disecciones oculares», comenta Lewis. «Dediqué horas a analizar mis datos conductuales y a estudiar imágenes de la anatomía ocular de este pez para prepararme mejor de cara a las exigencias de la escuela de optometría».

Pasar de los estudios sobre la pigmentación en el pez cebra a realizar experimentos conductuales con una especie totalmente diferente le exigió adaptarse con rapidez, aprender nuevas técnicas y abordar los interrogantes científicos desde múltiples perspectivas.

Más tarde, Lewis regresó al estudio del pez cebra; en esta ocasión, centrando su atención en el desarrollo, la estructura y la función de sus ojos, estableciendo así un vínculo aún más estrecho entre sus investigaciones iniciales sobre la pigmentación y los sistemas visuales.

«Todo empezó a cobrar sentido», comenta. «Aunque comencé con algo que no parecía guardar una relación directa con la optometría, logré vincularlo con la visión de manera significativa en mi tesis de honores. Lo más arduo fue encontrar la forma de integrar todos los elementos para que conformaran una historia única y coherente».

Reconocimiento, esfuerzo y compromiso más allá del laboratorio

Dicha experiencia reforzó su comprensión sobre la interacción entre el cerebro y el sistema visual. Su trabajo ganó reconocimiento, incluyendo la Beca Theodore Lemeshka 2026 y la Beca Norma Dilibero 2025.

Fuera del laboratorio, Lewis mantenía un horario igual de exigente. Desempeñó múltiples trabajos: como barista, técnica optómetra en una clínica oftalmológica voluntaria, tutora de biología y fue embajadora de la Beca Hope [una beca de RIC que cubre la matrícula de los dos últimos años de una carrera universitaria de cuatro años para residentes de Rhode Island].

«Ser embajadora de la Beca Hope es una de las experiencias más gratificantes en las que he tenido la oportunidad de participar», afirma. «No solo me impulsó a alcanzar mi sueño de convertirme en médica, sino que también me permitió inscribirme en varios cursos de verano para completar mis especializaciones secundarias en química y neurociencia conductual».

A pesar de todo, Lewis se mantuvo enfocada en su objetivo que, aunque a veces parecía intangible, se reforzaba con su creencia en que la educación es lo que uno hace de ella. 

Además, agradece a Rhode Island College no solo porque se sintió respaldada por sus profesores, quienes la impulsaron a alcanzar el éxito, sino por las oportunidades que tuvo allí, las cuales la llevarán a la escuela de optometría. Hoy espera ser inspiración para al menos otro estudiante, para que crea que también puede lograrlo. 

Un sueño cumplido es una vocación que continúa

Toda esa dedicación dio sus frutos cuando recibió la carta de admisión al New England College of Optometry, un momento que ella describe como emotivo y, a la vez, gratificante.

«Recuerdo haber visto el correo electrónico e instantáneamente haber llorado de alegría. Sentí un enorme alivio», comenta. «Todo el arduo trabajo y todas esas noches en vela estudiando valieron la pena».

Mientras se prepara para su formación clínica, Lewis se concentra en cómo aplicará sus resultados de investigación a la atención de los pacientes. Pues, explica que, en el New England College of Optometry, entrará en contacto con pacientes desde su primer año y, seguirá durante los cuatro años de la carrera de optometría. Su entusiasmo por empezar a ayudar a los pacientes y adquirir esa experiencia clínica es evidente.

La conexión entre la investigación y la atención al paciente, desde el análisis de las capas ópticas hasta la interpretación del comportamiento visual, han construido una base sólida que la acompañará durante su formación clínica.

«Quiero marcar la diferencia en la vida de los pacientes», afirma. «No solo cambiando la forma en que ven el mundo, sino mejorando su salud integral».