De tal madre, tal hijo

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Gabriel Cuellar planea seguir los pasos de Mirna Cuellar para convertirse en enfermero militar.

Cuando tenía nueve años, Gabriel Cuellar vio cómo su madre, Mirna Cuellar, se convertía en enfermera de la Fuerza Aérea mientras era destinada a prestar servicio en Afganistán. En aquel entonces no le dio mucha importancia, pero al crecer comprendió el impacto de la labor de su progenitora.

«Mi madre logró mucho en el ejército como enfermera, y mi deseo, al ser enfermero militar, es obtener lo mismo: confianza, la oportunidad de recorrer el mundo ayudando a la gente y la posibilidad de contar grandes historias», afirma.

Los Cuellar también podrán contar cómo se graduaron de Rhode Island College en el mismo año. Gabriel con una licenciatura en enfermería (B.S.N.), mientras que Mirna con una maestría (M.S.N.) en el programa de enfermería de práctica avanzada especializado en atención aguda a adultos y gerontología.

«Es algo surrealista graduarse al mismo tiempo», comenta Gabriel, de 25 años.

«Me emociona más la graduación de mi hijo que la mía propia», dice Mirna, de 45. «Estoy orgullosa de que haya llegado hasta aquí y feliz de haber influido en él». 

Mirna, originaria de Bolivia, creció en Providence y actualmente reside en Cranston con su esposo, Eric; Gabriel; y su hija de 11 años, Sarah. Cuenta que ver a su madre cuidar de los demás fue lo que la inspiró a dedicarse a la enfermería.

«Me llena de humildad y satisfacción ser fuerte para alguien en sus momentos de mayor vulnerabilidad», afirma. «Eso es lo que hacen las enfermeras».

Mirna obtuvo su licenciatura en enfermería de la Universidad de Rhode Island en 2007, ingresó a la Fuerza Aérea en 2009 y fue destinada a prestar servicio en Afganistán entre 2011 y 2012.

«Afganistán fue una experiencia sobrecogedora, al tratar de asimilar el hecho de estar en territorio enemigo y de brindar apoyo a los soldados», recuerda sobre su etapa en el 651.º Escuadrón Expedicionario de Evacuación Aeromédica. 

Escuadrón que tenía la misión de atender a los soldados heridos y trasladarlos fuera de Afganistán.

También afirma que esa misión fortaleció sus competencias de enfermería.

«Me sentía preparada para afrontar cualquier desafío y no me intimidaba asumir ningún puesto en el ámbito de la salud», comenta Mirna.

Tras su regreso de Afganistán, concluyó su carrera militar en 2015 en la Base de la Fuerza Aérea Hanscom (Massachusetts), en el 66.º Escuadrón Médico. Posteriormente, trabajó durante un año en el servicio de urgencias del Hospital Miriam antes de conseguir un puesto en el Departamento de Asuntos de Veteranos de Providence, donde se desempeñó como supervisora de enfermería de atención primaria durante una década.

Gabriel, quien formó parte del programa ROTC del Ejército durante la escuela secundaria, afirma que su madre le ha abierto las puertas a su futuro.

«Decidí dar un salto de fe hacia la enfermería», comenta. «Ingresar en el ejército me genera cierto nerviosismo, ya que desconozco lo que ello implicará. Pero, vaya donde vaya, mi objetivo es convertirme en un mejor enfermero, más inteligente y más consciente».

Además, asegura que el rigor del programa de enfermería de RIC lo ha preparado adecuadamente.

«Los estándares de este programa son elevados», afirma. «Y lo son por una buena razón: la necesidad de contar con enfermeros cualificados. Cuando alguien tiene en sus manos la vida de una persona, es fundamental que sea competente y posea los conocimientos adecuados. RIC hace un excelente trabajo al fijar altos estándares». 

Gabriel comenta que pasó de ser un estudiante tímido en su primer año a convertirse hoy en un profesional clínico asertivo.

«Fue difícil salir de mi zona de confort y desafiar los límites de lo que se consideraba correcto o incorrecto», comenta. «Pero ahora me siento totalmente seguro y agradecido por aquellos momentos de incomodidad. Sé cómo aprovechar todas mis habilidades y aplicarlas a la hora de administrar medicamentos y mantener conversaciones terapéuticas con los pacientes».

Para Mirna, la decisión de cursar una maestría en RIC fue algo evidente y sencillo.

«Como residente de Rhode Island, me atrajeron la comodidad y la accesibilidad», comenta. «El plan de estudios se veía excelente y el componente en línea ofrecía flexibilidad. Para un padre o madre que trabaja a tiempo completo, las cosas pueden complicarse mientras se intenta criar a los hijos. Junto a otros padres en mis cursos, valoramos mucho esa flexibilidad».

Mirna decidió formarse como enfermera especializada en cuidados agudos tras observar la escasez de profesionales disponibles durante la crisis del COVID.

«Creo que RIC me ha preparado para el alto nivel de atención que supervisaré, prescribiendo tratamientos de forma independiente y atendiendo a los pacientes. Los conocimientos que he adquirido en las prácticas clínicas son excepcionales. Ahora soy capaz de integrar los conceptos, hablar con las personas sobre sus evaluaciones físicas y gestionar la documentación necesaria. Como enfermera, este programa es justo lo que quería y esperaba».

El consejo de los Cuellar para los futuros estudiantes de enfermería es que se centren en mostrar empatía y pasión, y en mantener la serenidad al desempeñar su labor.

«Como enfermero, no sabes con qué situaciones te vas a encontrar y casi no hay margen de error», comenta Gabriel. «Siempre pienso: si alguien me estuviera atendiendo a mí, ¿qué esperaría recibir? O bien, al salir de la habitación de un paciente, me pregunto: ¿qué podría haber hecho mejor? Reflexionar siempre es bueno».

Mirna afirma que valorará eternamente la educación que RIC les ha brindado tanto a ella como a su hijo.

«Estoy agradecida con la institución y por la oportunidad, y espero que logremos generar un gran impacto en el ámbito de la atención sanitaria», dice. «Ese es mi sueño».